Después de muchos años de no verse se vieron. Contemplaron el atardecer mientras conversaban.
-¿Y bien? ¿Qué opinas del comportamiento de Carlos?-Dijo ella.
-No suelo dar consejos y esta no es la excepción.
Momento de silencio.
-Agustín...
-¿Sí?
-¿Te puedo preguntar otra cosa?
-Por supuesto.
-¿Por qué has estado tocando mi seno los últimos quince minutos?
Agustín apartó la mano del busto de su amiga. Sonrojado pidió disculpas, tomó su chamarra de cuero y arrancó el motor de la motocicleta alejándose hasta desaparecer en el horizonte.
-Soy aries.- Se dijo la muchacha mientras lo veía partir.
Por la noche, antes de acostarse, Agustín bebió leche tibia como de costumbre. Durmió plácidamente hasta que un extraño ruido proveniente de la cocina lo despertó, fue entonces que sorprendió a un pequeño ratón atrás del refrigerador. El roedor masticaba una fotografía de la ciudad de Córdoba, Argentina.
-Mierda, la motocicleta era de ella.-Exclamó el joven.
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