Ramón no está bien de sus facultades mentales. Todavía lo recuerdo ahí encerrado en el garage de su abuelo, según él desarrollando experimentos científicos. Nunca permitía el acceso.
-Oye Ramón, estaba caminando por aquí y de repente me dieron ganas de orinar. Necesito tu baño.
¿En qué estaba pensando? Era más probable orinarme en el pantalón que aquel individuo me dejara entrar a su escondite. Para mi sorpresa no fue así. Apenas pude observar sus ojos desorbitados entre el portón semi abierto.
-Sólo por hoy-Dijo con voz trémula.
Desde que estudiamos juntos en la primaria Ramón llamó mi atención debido a su rareza, su incapacidad de adaptarse al resto del alumnado, siempre en una esquina hablando solo como naufrago en una isla, y si no hablaba se masturbaba con su lonchera, sí, tan desquiciado estaba el tipo.
El espacio del garage era reducido, un cuchitril atiborrado de artículos de limpieza y herramientas de carpintería abandonadas. Pese a esto, logré apreciar lo que parecía ser una bicicleta bajo una sábana rodeada de circuitos eléctricos, una soldadora, un condensador, etcétera.
-Qué bien que te ejercitas.
-¿Lo dices por la bicicleta? No sólo es una bicicleta, va más allá, va más allá que Darwin y su selección natural.
Las ganas de orinar eran incontrolables, así que opté por utilizar su inodoro en vez de continuar escuchando a ese loco. Hice lo mío, vacíe mi vejiga, pero al salir del baño me sorprendió una de las imagenes más surrealistas con las que me he topado, y mira que tengo experiencia en esa área: Ramón pedaleaba la bicicleta a una velocidad constante, dos papayas sustituían los manubrios, éstas a su vez se mantenían sobre un electrocardiografo que servía como base y en vez de la rueda trasera un garrafón lleno de agua encerraba a su perrito ahogado. Todo el aparato estaba cubierto de cables telefónicos y emitía un escandaloso tamborileo.
Me quedé boquiabierto, sin decir palabra durante un largo rato.
-Es una máquina del tiempo.-Dijo ante mi silencio.
-¿Acaso funciona Ramón?
-Sí, me transporta al presente.
-¿Cómo lograste introducir a Luigi en ese garrafón?
Me respondió a través de ecuaciones, extendió su explicación durante incontables minutos en los cuales quedé absorto en el eco de aquella frase que resonaba en mis oídos: Me transporta al presente.
Ramón está en calidad de desaparecido desde hace cinco meses, yo veo su felicidad en las estrellas cada noche, me despreocupo porque sé que donde quiera que esté cumplirá sus sueños acompañado de su lonchera.
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