sábado, 2 de abril de 2011

El ombligo de la luna (Fragmento de cuento)

El silbido de un proyectil dibuja su rastro sobre las construcciones semi derrumbadas, atraviesa el torso de un insignificante transeúnte y se impacta, por error, contra los muros de la iglesia. El templo se colapsa con el sacristán en su interior, así que probablemente se encuentre barriendo sus propios pecados en la sala del purgatorio, ocultando polvo bajo la alfombra.

Bienvenido sea otro día más de caos en la ciudad de Arrecife. Ahora los habitantes se han despertado con la alarma de una explosión y han sustituído el jugo de naranja por las vitaminas de una calibre veintidós, en el caso de los miserables, pues la clase más alta está protegida hasta los tobillos con armamento bañado en oro.

Un grupo reducido de guerrilleros se arrastra entre bazucazos provenientes de quién sabe dónde. Uno, dos, ocho, casi todos fallecen o caen desmembrados en su intento de colocar una pancarta sobre el palacio de gobierno, sólo uno tiene éxito y extiende la lona sobre la fachada: Iturriaga, te vamos a colgar traidor. Justo antes de emprender la huída, dos gemelos albinos lo apuñalan apasionadamente hasta agujerear el rostro por completo.

En otro extremo de la ciudad un ejército de dos mil hombres avanza marchando, su destino es incierto, sin embargo, el general vitorea ofensas contra el dichoso Iturriaga, los soldados corean al unísono mientras salpican los charcos de sangre del día anterior.

Arrecife es un mar de escombros y podredumbre, de cuando en cuando se aprecia a la muerte escondida en un callejón, bebiendo vinagre.

-¿Qué haces aquí?- Le pregunté en algún momento.
-Estoy exhausta.

La guerra ha perdurado a lo largo de doce años, en los que he perdido a mis amigos. Algunos viven en la cárcel, otros descansan bajo tierra y hay unos cuantos que nunca aparecieron. Mi intestino se contrae cada vez que pienso en ellos. Mi padre falleció en su habitación, una bala perdida halló refugio en su cráneo. De mi madre prefiero callar, clavarme el secreto de su muerte en los labios. Basta decir que sólo localizamos la mitad de su brazo debajo de un árbol.

En realidad nadie sabe explicar con certeza el origen de esta batalla estúpida y sin sentido, ni el objetivo ni los enemigos, y mucho menos se sabe quién diablos es Iturriaga. Lo único tangible es el dolor, esa aborrecible verdad que retuerce las entrañas de Arrecife.

Eleonor amaneció sufriendo las contracciones. Hoy nacerá mi hijo....