Ella colecciona flores que los hombres le obsequian.
Ha hecho un álbum con cubierta de acero para resguardarlas.
Así están seguras.
Por las noches lo presiona entre sus piernas para que nadie se lo arrebate,
para sentir el acero congelando sus muslos y debatirse entre orgasmos que le licúan la sangre.
Sus genitales se retuercen como esponjas virtiendo el líquido en la boca de su esposo.
Inocente él que reza en silencio en la antesala de la copulación
para satisfacerla, para que se retuerza de placer,
siendo que ella ofrece su cuerpo a extraños recostada sobre un amplio comedor
con rodajas de jitomate circundando sus pezones.
Únicamente abre sus piernas y reposa sobre un géiser de lenguas.
¡Marcelo tu esposa es infiel!
Él sonríe negandolo.
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