viernes, 18 de marzo de 2011

La matrioska de Jenkins



Esto sucedió en la clínica # 126. El Doctor es el señor Jenkins Estrada.

Entonces, como al señor Berúmen se le había descompuesto el ventilador, decidió alivar sus bochornos corriendo alrededor de éste, hasta que lamentablemente falleció dentro de esa misma clínica. Sus condiciones físicas no le permitieron tal desgaste.

Las cenizas fueron esparcidas al mar por unas manos que no correspondían ni a las de su hija ni a las del Doctor Jenkins.

A la mañana siguiente, casi a la misma hora, un pez espada se atragantó con un anillo -presuntamente olvidado al momento de la cremación- y su cadáver terminó en la orilla de la playa. Un restaurantero se topó con él, lo mandó a guisar, para que al final fuera servido a la mesa nueve, donde el Doctor Jenkins conversaba con un colega acerca de una película rusa.

-Lo siento, pero yo no comprendí el filme.
-Señor Jenkins, ¿De qué está hablando? Le regalé una matrioska.

Lo que en realidad le incomodaba al Doctor Jenkins era que su madre, desde la infancia se ha referido a él como 'el muchacho' y nunca como su hijo. <<Ahorita que llegue el muchacho>> <<Oye muchacho, limpia tu habitación>> <<Muchacho, ¿Y cuándo te casarás con Laura?>>.

-Doctor Jenkins, lo noto extraño. Si gusta pido un cambio de platillo.
-Tengo que confesarle algo. -Dijo mientras escupia los trozos de un anillo-. Un asunto delicado, el cual (cof) no quiero (cof) bajo ninguna circunstancia (cof) salga de este (cof) restaurante.

Hablaron durante horas acerca de su madre hasta que dieron las dos de la madrugada, y pues se tuvieron que retirar, no sin antes abrazarse.

Los ventiladores de la clínica fueron compuestos. Nunca más volvieron a fallar.

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