martes, 10 de mayo de 2011

Beyond de la vie

Somos fieras a veces, sobre todo cuando el alcohol quema las frentes de nuestros demonios internos y no les queda más que despertarse aturdidos, para chocar entre sí, para arruinar el momento porque se desploman contra los cristales del pasado y ahora sí agárrate Dulce María que esta cachetada va para ti. Y me respondes con palabras ininteligibles, y yo sólo alcanzo a percibir oraciones aisladas en relación con mi pareja anterior o tus sospechas de infidelidad. Me golpeas, tiras de mi cabello, me reclamas sobre nuestros hijos. No tenemos hijos Dulce María, vete a dormir. Te escupo, me escupes, el alboroto despierta a mi madre y la escupimos entre los dos. Somos fieras a veces, sólo esas veces cuando convivimos juntos. Nos marcamos al día siguiente. Nos damos comezón si no estamos. La reconciliación y el coito intrínseco. Sudamos. Enciendo la televisión con tu cabeza en mi pecho, así te quedas dormida. En una vida pasada nos conocimos y morimos ancianos, de la mano y expirando amor. Era tanta la atracción entre tú y yo que prometimos extender nuestra relación en una diversidad infinita de tomos, más allá de la morte, beyond de la vie. Aquí te tengo. Es suficiente. ¿De dónde saliste? Retirate. Haz dormido demasiado, no me dejas respirar, hazte a un lado. Meses después nos casamos. Dignos pacientes de La Castañeda.

sábado, 2 de abril de 2011

El ombligo de la luna (Fragmento de cuento)

El silbido de un proyectil dibuja su rastro sobre las construcciones semi derrumbadas, atraviesa el torso de un insignificante transeúnte y se impacta, por error, contra los muros de la iglesia. El templo se colapsa con el sacristán en su interior, así que probablemente se encuentre barriendo sus propios pecados en la sala del purgatorio, ocultando polvo bajo la alfombra.

Bienvenido sea otro día más de caos en la ciudad de Arrecife. Ahora los habitantes se han despertado con la alarma de una explosión y han sustituído el jugo de naranja por las vitaminas de una calibre veintidós, en el caso de los miserables, pues la clase más alta está protegida hasta los tobillos con armamento bañado en oro.

Un grupo reducido de guerrilleros se arrastra entre bazucazos provenientes de quién sabe dónde. Uno, dos, ocho, casi todos fallecen o caen desmembrados en su intento de colocar una pancarta sobre el palacio de gobierno, sólo uno tiene éxito y extiende la lona sobre la fachada: Iturriaga, te vamos a colgar traidor. Justo antes de emprender la huída, dos gemelos albinos lo apuñalan apasionadamente hasta agujerear el rostro por completo.

En otro extremo de la ciudad un ejército de dos mil hombres avanza marchando, su destino es incierto, sin embargo, el general vitorea ofensas contra el dichoso Iturriaga, los soldados corean al unísono mientras salpican los charcos de sangre del día anterior.

Arrecife es un mar de escombros y podredumbre, de cuando en cuando se aprecia a la muerte escondida en un callejón, bebiendo vinagre.

-¿Qué haces aquí?- Le pregunté en algún momento.
-Estoy exhausta.

La guerra ha perdurado a lo largo de doce años, en los que he perdido a mis amigos. Algunos viven en la cárcel, otros descansan bajo tierra y hay unos cuantos que nunca aparecieron. Mi intestino se contrae cada vez que pienso en ellos. Mi padre falleció en su habitación, una bala perdida halló refugio en su cráneo. De mi madre prefiero callar, clavarme el secreto de su muerte en los labios. Basta decir que sólo localizamos la mitad de su brazo debajo de un árbol.

En realidad nadie sabe explicar con certeza el origen de esta batalla estúpida y sin sentido, ni el objetivo ni los enemigos, y mucho menos se sabe quién diablos es Iturriaga. Lo único tangible es el dolor, esa aborrecible verdad que retuerce las entrañas de Arrecife.

Eleonor amaneció sufriendo las contracciones. Hoy nacerá mi hijo....

martes, 22 de marzo de 2011

Deberías olvidarme

Deberías olvidarme, por tu propio bien
Dilúyeme en licor, busca distracciones
Vende café o dedicate a la joyería
Sustituye viejas escenas por otras nuevas
Elige:
Alguien más joven
Alguien más viejo
Alguien que sustente tu vida
Un auto, diversión y gente nueva
Un amor material
Hijos...

No es necesario jurarse la muerte
Insisto, no es necesario
¿Quién dictó ese mandamiento a los enamorados?
Es un raciocinio estúpido, como el de tu madre
Basta decir que fuimos ramas de un árbol enroscado
Se mantuvo recto por un tiempo
Pero no resistió, se inclinó, la copa besó la tierra
Las ratas anidaron en la joroba
El entorno se deshojó
Nuestro andar languideció
Nos dedicamos a mutilar nuestro sexo
Y la pasión se deprimió bajo la humedad de una alfombra.

Deberías olvidarme, por tu propio bien
Porque las propiedades que me conforman son corrosivas.
Maduré con gusanos carcomiendome los riñones
Rasguñé la matriz de mi madre al dar a luz
Me aferré inutilmente
Nací contra mi voluntad.

Eres estúpida, como tus amigas
Como las mujeres
Maldigo sus bocas
Que se asfixien en la soledad
Que me dejen respirar

Ahora te parecerá ridículo pedirte una oportunidad
Concédemela
Prendamosle fuego a las arterias
Una última vez
Te lo ruego de pie
Te lo ruego sentado
Te lo ruego maniatado
Olvídame
No lo hagas
Mis dedos sangran
Los ojos se estampan en el techo
Este cuerpo te reclama
Me da comezón
Y no sé, sinceramente, cómo detener la tortura que orbita mi cuerpo.

sábado, 19 de marzo de 2011

Se contraen nupcias

Ella colecciona flores que los hombres le obsequian.
Ha hecho un álbum con cubierta de acero para resguardarlas.
Así están seguras.

Por las noches lo presiona entre sus piernas para que nadie se lo arrebate,
para sentir el acero congelando sus muslos y debatirse entre orgasmos que le licúan la sangre.

Sus genitales se retuercen como esponjas virtiendo el líquido en la boca de su esposo.

Inocente él que reza en silencio en la antesala de la copulación
para satisfacerla, para que se retuerza de placer,
siendo que ella ofrece su cuerpo a extraños recostada sobre un amplio comedor
con rodajas de jitomate circundando sus pezones.

Únicamente abre sus piernas y reposa sobre un géiser de lenguas.

¡Marcelo tu esposa es infiel!

Él sonríe negandolo.

viernes, 18 de marzo de 2011

Una breve anécdota de sobremesa



Después de muchos años de no verse se vieron. Contemplaron el atardecer mientras conversaban.

-¿Y bien? ¿Qué opinas del comportamiento de Carlos?-Dijo ella.
-No suelo dar consejos y esta no es la excepción.

Momento de silencio.

-Agustín...
-¿Sí?
-¿Te puedo preguntar otra cosa?
-Por supuesto.
-¿Por qué has estado tocando mi seno los últimos quince minutos?

Agustín apartó la mano del busto de su amiga. Sonrojado pidió disculpas, tomó su chamarra de cuero y arrancó el motor de la motocicleta alejándose hasta desaparecer en el horizonte.

-Soy aries.- Se dijo la muchacha mientras lo veía partir.

Por la noche, antes de acostarse, Agustín bebió leche tibia como de costumbre. Durmió plácidamente hasta que un extraño ruido proveniente de la cocina lo despertó, fue entonces que sorprendió a un pequeño ratón atrás del refrigerador. El roedor masticaba una fotografía de la ciudad de Córdoba, Argentina.

-Mierda, la motocicleta era de ella.-Exclamó el joven.

La matrioska de Jenkins



Esto sucedió en la clínica # 126. El Doctor es el señor Jenkins Estrada.

Entonces, como al señor Berúmen se le había descompuesto el ventilador, decidió alivar sus bochornos corriendo alrededor de éste, hasta que lamentablemente falleció dentro de esa misma clínica. Sus condiciones físicas no le permitieron tal desgaste.

Las cenizas fueron esparcidas al mar por unas manos que no correspondían ni a las de su hija ni a las del Doctor Jenkins.

A la mañana siguiente, casi a la misma hora, un pez espada se atragantó con un anillo -presuntamente olvidado al momento de la cremación- y su cadáver terminó en la orilla de la playa. Un restaurantero se topó con él, lo mandó a guisar, para que al final fuera servido a la mesa nueve, donde el Doctor Jenkins conversaba con un colega acerca de una película rusa.

-Lo siento, pero yo no comprendí el filme.
-Señor Jenkins, ¿De qué está hablando? Le regalé una matrioska.

Lo que en realidad le incomodaba al Doctor Jenkins era que su madre, desde la infancia se ha referido a él como 'el muchacho' y nunca como su hijo. <<Ahorita que llegue el muchacho>> <<Oye muchacho, limpia tu habitación>> <<Muchacho, ¿Y cuándo te casarás con Laura?>>.

-Doctor Jenkins, lo noto extraño. Si gusta pido un cambio de platillo.
-Tengo que confesarle algo. -Dijo mientras escupia los trozos de un anillo-. Un asunto delicado, el cual (cof) no quiero (cof) bajo ninguna circunstancia (cof) salga de este (cof) restaurante.

Hablaron durante horas acerca de su madre hasta que dieron las dos de la madrugada, y pues se tuvieron que retirar, no sin antes abrazarse.

Los ventiladores de la clínica fueron compuestos. Nunca más volvieron a fallar.

jueves, 17 de marzo de 2011

Por ahí, en Saturno

Dicen que cuando el Almirante Guerrero se enteró que su esposa vivía con otro hombre se desmayó. Despertó en Saturno siendo arrastrado por un río. Estos cauces contienen aguas violentas, además son anchos como un océano y tan espesos como la sangre coagulada.
Al Almirante no le enseñaron a nadar y tuvo que aferrarse a una roca volcánica que navegaba errante. Y así pasaron meses hasta que logró posarse sobre una isla. Durmió solitario bajo la sombra de un enorme cisne momificado. Ahí falleció acurrucado.

Las corrientes de viento envolvieron su cadáver congelando su cuerpo, entonces sus intestinos surgieron intempestivamente y resquebrajaron su piel alzándose por los aires como un dragón que salpicaba sangre.

Lo mismo sucedió con el resto de los órganos, que huyeron despavoridos del fallecido Almirante Guerrero. Cada uno salió disparado por distintos rumbos rebotando contra las paredes del universo, avergonzados de pertenecer a un cuerpo incapaz de cautivar el amor de esa mujer.

Cuentan mis vecinos que cuando un enamorado tropieza una parvada de riñones atravieza el firmamento. Aunque aquí en mi colonia suelen mentir con frecuencia.