El cáncer se ha aferrado a la garganta de papá, lo sorprende en su mundo solitario, lo tumba de la cama, lo retuerce en el suelo, como un insecto moribundo. Los vecinos perciben el eco adormecido de sus quejidos nocturnos.
Llegas tarde, cenizas al mar.
Una aspiradora me succiona al pasado y me deja ahí a su lado.
Ahora volvemos a pararnos sobre la pirámide, nos tomamos fotografías, me carga sobre sus hombros y descendemos cantandole a la encantadora teotihuacán. Allá abajo mi mamá espera temerosa que nos caigamos, nosotros sólo reímos y no paramos de reírnos, y su bigote, y un beso, y un par de palmadas en la espalda, y las gafas, y la camisa a cuadros, y el aroma de tabaco, y el auto estacionado y toda esa maravillosa postal que todavía no se ha desfragmentado.
Llegas tarde, me han dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario