martes, 10 de mayo de 2011
Beyond de la vie
Somos fieras a veces, sobre todo cuando el alcohol quema las frentes de nuestros demonios internos y no les queda más que despertarse aturdidos, para chocar entre sí, para arruinar el momento porque se desploman contra los cristales del pasado y ahora sí agárrate Dulce María que esta cachetada va para ti. Y me respondes con palabras ininteligibles, y yo sólo alcanzo a percibir oraciones aisladas en relación con mi pareja anterior o tus sospechas de infidelidad. Me golpeas, tiras de mi cabello, me reclamas sobre nuestros hijos. No tenemos hijos Dulce María, vete a dormir. Te escupo, me escupes, el alboroto despierta a mi madre y la escupimos entre los dos. Somos fieras a veces, sólo esas veces cuando convivimos juntos. Nos marcamos al día siguiente. Nos damos comezón si no estamos. La reconciliación y el coito intrínseco. Sudamos. Enciendo la televisión con tu cabeza en mi pecho, así te quedas dormida. En una vida pasada nos conocimos y morimos ancianos, de la mano y expirando amor. Era tanta la atracción entre tú y yo que prometimos extender nuestra relación en una diversidad infinita de tomos, más allá de la morte, beyond de la vie. Aquí te tengo. Es suficiente. ¿De dónde saliste? Retirate. Haz dormido demasiado, no me dejas respirar, hazte a un lado. Meses después nos casamos. Dignos pacientes de La Castañeda.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario